La decisión del gobierno de Estados Unidos de vetar a DJI a finales de 2025 está generando un vacío en el mercado de drones del país que ningún fabricante alternativo ha podido —ni parece dispuesto a— llenar. La Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) prohibió la importación de drones y componentes críticos fabricados en países extranjeros, una medida que afecta directamente a la compañía china, que según datos del sector concentraba alrededor del 90% de la cuota del mercado estadounidense en el segmento de drones civiles.
Un mercado sin sustituto a corto plazo
Greg Reverdiau, cofundador del Pilot Institute en Arizona, realizó en 2025 una encuesta entre unos 8.000 pilotos profesionales de drones. Los resultados fueron claros: el 85% de los encuestados estimaba que podría mantenerse operativo durante aproximadamente dos años con el equipo existente, pero más allá de ese horizonte el panorama se vuelve incierto. La prohibición no afecta a los aparatos ya en uso, pero sí bloquea la llegada de nuevas unidades, lo que convierte el envejecimiento del parque actual en un problema estructural.
Los sectores que dependen de estos dispositivos son amplios y diversos: fotografía y vídeo aéreo, agricultura de precisión, topografía, servicios de emergencia y fuerzas de seguridad. En todos ellos, los profesionales coinciden en que DJI no tiene rival en términos de precio, fiabilidad, prestaciones y facilidad de uso, una combinación que durante años ha sido difícil de replicar por otros fabricantes.
Los competidores locales no quieren el hueco
Las alternativas existentes en el mercado de consumo han desaparecido o han cambiado de enfoque. GoPro lanzó su dron Karma en 2018 y lo abandonó al año siguiente tras problemas técnicos. Parrot, empresa francesa que tuvo presencia en el segmento recreativo, ya no ofrece una gama competitiva en este ámbito. Por su parte, Skydio —considerada durante un tiempo la principal alternativa estadounidense— ha orientado su negocio hacia contratos de defensa, con productos de alto coste, descartando el mercado de consumo.
El resultado es que la prohibición, concebida como una medida de seguridad nacional para reducir la dependencia tecnológica de China, ha generado un efecto inesperado: el mercado civil de drones en Estados Unidos carece actualmente de proveedores capaces de cubrir la demanda. Bomberos voluntarios, equipos de búsqueda y rescate y agricultores que utilizan estos dispositivos como herramientas esenciales se enfrentan a un escenario de incertidumbre creciente.
Una incógnita abierta para la industria
Lo que se planteaba como una estrategia industrial se ha transformado, por ahora, en un desafío interno sin solución inmediata. La fuerte dependencia de DJI no fue acompañada de un plan de sustitución viable antes de aplicar las restricciones. Ningún fabricante nacional ha anunciado iniciativas concretas para cubrir ese vacío en el corto o medio plazo, mientras que las empresas con capacidad tecnológica han optado por segmentos más rentables. En este contexto, el futuro del mercado civil de drones en Estados Unidos sigue siendo una incógnita abierta.