Waymo cerró en febrero una ronda de financiación de 16.000 millones de dólares que situó su valoración post-money en 126.000 millones. La operación, anunciada por la propia compañía, marca un cambio de etapa para la filial de Alphabet: el debate ya no gira solo en torno a si el robotaxi funciona, sino a si puede escalar de forma segura, rentable y regulada en muchas ciudades a la vez.

La ronda fue liderada por grandes inversores institucionales y de capital riesgo, con Alphabet manteniendo un papel central. Waymo asegura que el capital servirá para ampliar su flota, reforzar operaciones y entrar en nuevos mercados. Entre los objetivos mencionados por la compañía y la prensa especializada aparecen Londres y Tokio, dos ciudades especialmente relevantes porque obligan a probar el sistema en entornos normativos y urbanos distintos a los de Estados Unidos.

La escala ya es el verdadero reto

Waymo afirma que en 2025 completó 15 millones de viajes y que ya opera cientos de miles de trayectos semanales en varias áreas metropolitanas de Estados Unidos. Reuters también situó la cifra semanal en torno a 400.000 viajes. Estos números no eliminan los riesgos, pero sí muestran que el servicio dejó atrás la fase puramente experimental en sus mercados principales.

La expansión prevista para 2026 añade complejidad. Cada ciudad exige mapas, permisos, adaptación a normas locales, operaciones de flota, asistencia remota y confianza pública. En Londres y Tokio, además, Waymo tendrá que demostrar que su tecnología puede operar en marcos regulatorios distintos y con hábitos de conducción diferentes.

El robotaxi sigue teniendo costes y riesgos

La valoración de 126.000 millones no debe leerse como garantía de rentabilidad inmediata. Los robotaxis requieren vehículos caros, sensores, mantenimiento, limpieza, centros de soporte, seguros y equipos regulatorios. A gran escala, la economía puede mejorar; en la fase de despliegue, el gasto también crece.

La seguridad es el otro punto crítico. Waymo presume de datos de conducción autónoma y de una reducción de accidentes graves frente a promedios humanos en sus informes, pero el sector sigue bajo vigilancia regulatoria. Reuters y otros medios han señalado investigaciones e incidentes que muestran que incluso el operador más avanzado debe responder a situaciones urbanas difíciles. En robotaxis, la confianza se gana de forma acumulativa y se puede perder con rapidez.

Por qué importa para el sector

La nueva financiación confirma que Waymo tiene una ventaja de capital y despliegue frente a muchos competidores. Tesla promete una estrategia más ligera basada en cámaras y software, mientras Zoox y otros actores siguen ampliando pruebas. Waymo, en cambio, está apostando por una flota dedicada, sensores abundantes y operaciones controladas ciudad por ciudad.

El resultado de esa estrategia aún no está cerrado. Si Londres, Tokio y los nuevos mercados estadounidenses avanzan con permisos, uso real y una seguridad aceptable, Waymo se acercará a una red global de movilidad autónoma. Si la expansión se atasca por costes, incidentes o regulación, la valoración será más difícil de defender. Por ahora, la noticia es clara: el robotaxi dejó de ser una demo llamativa y entró en una fase industrial mucho más exigente.