El mercado de las gafas con inteligencia artificial empieza a dividirse alrededor de una decisión de diseño muy concreta: incluir cámara o renunciar a ella. Even Realities ha situado sus G2 en el segundo grupo. La compañía presenta el dispositivo como unas gafas con pantalla, micrófonos y funciones de IA, pero sin cámara integrada. La apuesta contrasta con la estrategia de Meta, que ha impulsado las Ray-Ban Meta y otros modelos conectados alrededor de captura de imagen, audio y asistencia contextual.
La propuesta de Even Realities
Las Even G2 están pensadas para parecerse más a unas gafas convencionales que a un visor de realidad aumentada. Según la propia compañía, el dispositivo ofrece traducción en tiempo real, teleprompter, notificaciones, indicaciones de IA y control mediante el anillo Even R1. La ausencia de cámara es parte central del mensaje comercial: la entrada de información se apoya en el micrófono y no en una lente orientada hacia el exterior.
Ese detalle no es menor. En espacios públicos, reuniones o entornos laborales, las gafas con cámara siguen generando fricción social. No siempre está claro si alguien está grabando, tomando una foto o simplemente usando una función de asistencia. Even Realities intenta evitar esa barrera y vender unas gafas menos invasivas, aunque a cambio renuncia a funciones visuales que sí pueden ofrecer los modelos con cámara.
Meta juega otra partida
Meta llega al segmento desde una posición mucho más fuerte. Datos de Omdia citados por Telecompaper señalan que los envíos globales de gafas de IA alcanzaron 8,7 millones de unidades en 2025, con Meta alrededor del 85,2% del mercado gracias a dispositivos Ray-Ban y Oakley. Counterpoint Research, con otra medición centrada en gafas inteligentes, también situó a Meta con más del 80% de cuota en la segunda mitad de 2025.
Eso no significa que el enfoque de Meta sea el único viable. Más bien muestra que el mercado todavía está en una fase temprana, con distintos intentos de encontrar el equilibrio entre utilidad, diseño, precio, privacidad y aceptación social. Meta apuesta por una experiencia más multimedia. Even Realities busca una relación más discreta con el usuario: información visible, asistencia contextual y menos sospecha de vigilancia.
Privacidad frente a funciones
La comparación revela una tensión difícil de resolver. Una cámara permite identificar objetos, traducir texto visual, guardar recuerdos y ofrecer asistencia más rica. Pero también obliga a responder preguntas incómodas sobre consentimiento, grabación y uso de datos. Unas gafas sin cámara reducen esa carga, aunque limitan el tipo de IA que puede operar sobre el mundo visual.
Para muchos usuarios, la decisión no será técnica sino social. Las gafas que parecen normales y no graban pueden resultar más aceptables en una conversación, una oficina o una clase. Las gafas con cámara pueden ser más útiles para creadores, viajeros o personas que valoran la captura manos libres. Ninguna opción resuelve todo.
Un mercado aún abierto
Even Realities no necesita superar a Meta para que su estrategia tenga sentido. Puede ocupar un espacio distinto: usuarios que quieren una capa ligera de IA sin convertir la cara en una cámara conectada. La clave será demostrar que las funciones de pantalla, traducción y sugerencias en tiempo real son útiles en la vida diaria, no solo llamativas en una demostración.
La próxima etapa de las gafas de IA probablemente no se definirá solo por potencia o número de sensores. También dependerá de algo más simple: si las personas alrededor del usuario se sienten cómodas con ellas. En ese punto, la decisión de llevar cámara o no llevarla puede convertirse en una de las fronteras más importantes del mercado.